VIERNES 7 DE MARZO DE 2003

El fútbol, al igual que la vida, siempre tiene reveses inesperados. Colón ganó un partido que no merecía ganar, porque lo había perdido por impericia. Pero Belloso fue la carta de Colón para quedarse con la victoria cuando todos querían pensar en cualquier otra cosa, menos en fulbo.

Sincerémosnos, éste comentario iba a ser drásticamente duro con el plantel, con el DT y con Vignatti si no hubiese sido por ese gol agoniquísimo del Pejerrey.
Si esta es la realidad, porqué una jugada fortuita, totalmente esporádica y fuera de cualquier contexto debería cambiar lo que queríamos decir desde un principio.



Y lo que vivimos durante los noventa y tantos minutos de partido fue una tremenda desilusión por ver un equipo sabalero a la misma altura que este patético Huracán que mendiga puntos en cada presentación.
Porque Colón apenas si se destacó en este partido chato, sin nivel técnico ni individual, con todas las características de un encuentro de la B metropolitana.
En el arranque todo parecía óptimo para Colón, a los 9 minutos el juvenil Blanco marcó un gol de excelente factura, al adelantarse a la salida del arquero Ríos y meter el cabezazo implacable.
Hasta ahí todo bien. Después de eso, todo mal. Colón dejó crecer a un rival que por motus propio nunca hubiese crecido.
Y tal fue el adelanto en el terreno de Huracán que cuando el local llegó cerca del área, el totalmente desubicado Furchi marcó un penal cuando lo que correspondía era una falta a metro y medio del área. El empate estuvo a cargo del jugador más olvidable del fútbol argentino: Darío Cabrol, que pudo llegar al gol gracias al regalo de uno más de los tantos mediocres que dirigen éste campeonato.


En el segundo tiempo, Huracán ya creía que era Real Madrid y todo gracias a Colón. Y Villa que se había comido un gol imposible en el primero, se desquitó a los 11 minutos con una pelota tan fácil como la que había desperdiciado antes.

Colón a todo esto nada, impotencia en el mediocampo, inexistencia arriba y debilidad abajo.

Como el partido era blando, Colón pudo aproximarse y a través de una escalada del Negro Martínez, marcó el empate.
Cuando todos querían irse por no aguantar más un minuto de tanto tedio, Belloso picó por derecha y de tubito entre las piernas de Ríos decía que Colón le ganaba al local, que más que un huracán parecía una brisa.