La victoria más importante del torneo desató la locura en un estadio colmado. Colón le ganó con autoridad a Boca que con la derrota se despidió de la punta. Una definición impecable de Sungui Blanco determinó la tercera victoria consecutiva del equipo del Coco.

La fiesta sabalera compensó a prepararse desde temprano. Después de la comida con la vieja en su día, los negros fueron encarando despacito, con los sueños a cuestas hacia el barrio Centenario para colmar las tribunas del Brigadier López y cumplir con la segunda parte del ritual de este domingo que terminaría siendo inolvidable.
Todo estaba dispuesto para el local viva una de sus mejores tardes. Como para condimentar la previa al partido, la dirigencia de Colón decidió homenajear al “loco” Gabriel González. Y la gente le brindó el mejor de los regalos que se le puede hacer a un jugador de fútbol, y dejó caer desde las gradas la primera ovación de la tarde.
Cuando Colón salió a la cancha el tiempo pareció detenerse, y todos los presentes quedamos suspendidos en esa nebulosa que nos absorbe cada vez que estamos en la catedral del Centenario.

Desde el primer minuto del encuentro quedó claro que ninguno de los dos iba a sacarle demasiada ventaja al otro. De todos modos, los volantes visitantes parecieron sorprenderse con el desempeño y la actitud demostrada por sus pares rojinegros que salieron a la cancha a disputar el partido “con el cuchillo entre los dientes”
El dueño de casa fue el primero que acercó peligro al arco rival: en un corner desde la derecha en el que la pelota viajó desde el pié derecho de Grisales hacia la posición del Bichi Fuertes que, con un potente remate de cabeza, hizo temblar el palo del pato Abondancieri. Boca por su parte solo llegó una vez hasta el arco defendido por Laureano Tombolini, en una jugada en que la pelota le quedó a Diego Cagna luego de un rebote y su disparo se fue por sobre el travesaño de la meta rojinegra.
Dentro de la paridad en que se hallaba inmerso el cotejo, Colón demostró en todo momento tener más ansias que su rival por alcanzar la apertura del marcador.
El segundo período empezó con las marcas un poco más ajustadas en el medio y con los dos equipos tratando de buscar la apertura de tanteador, aunque el local siempre parecía parase con mayor firmeza en el campo de juego.
En un típico partido en donde el que hace el gol gana, a los 23 minutos hubo una jugada que definió el encuentro: Pipi Romagnoli metió una pelota en profundidad que al ser sabiamente desviada por el tosco Schiavi fue a parar a los pies de Ismael Blanco que la picó con gran categoría ante la desesperada salida del guardameta boquense.

Por un instante los hinchas de Colón dejaron de apretar los dientes en las tribunas para entregarse por completo a la inmensa satisfacción que brinda empezar a preparar la parrilla para mover a disfrutar de la “carne de elefante” bien condimentada por los chef internacionales de la casa sabalera.
El golpe fue mortal. Después de gol Boca no encontró ningún tipo de respuestas en la cancha y se fue despidiendo de la posibilidad de quedar en la punta sin oponer mayor resistencia.
El pitazo final de Elizondo hizo estallar la locura en el Centenario y la parcialidad sabalera se fue de la cancha disfrutando las mieles de este triunfo. Aunque el sabor más dulce que le queda en el paladar a los hinchas es el de saber que este equipo ha rehabilitado el Cementerio de los Elefantes. Así amigo sabalero que no hay de que preocuparse. Solo es cuestión de esperar que los grandes sigan pasando, prepara las gargantas y entonar el conocido “se van... se van... sacale una foto...”