
Al Negro se le escapó la tortuga
(parafraseando al Diego), ganaba 3 a 1, se lucía y tenía
un jugador más en la cancha. Quilmes no se desesperó
y a pura garra llegó a un empate impensado.
Era la tarde de Giovanni Hernández, su mejor partido
por lejos con dos golazos y mucho toque. Colón había
dado vuelta un resultado adverso desde el inicio y en el minuto
21 de la segunda parte estaba ganando por 3 a 1. Colón
estaba para golear al cervecero. Fuertes tuvo la posibilidad
de marcar el cuarto pero no pudo definir una jugada que lo encontró
debajo del arco sin Pontiroli a la vista.
| Quilmes
consiguió el descuento capitalizando una mala salida
de Tombolini en un centro y a los 37 Graña se vistió
de héroe y en una muy buena jugada personal marcó
el empate. Nadie en el estadio podía creer que
se escaparan dos puntos tan importantes para alcanzar
el sueño de participar en alguna de las copas internacionales. |
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Colón volvió a ser un equipo con doble personalidad.
Atacando fue incisivo, a pesar de haber presentado un sólo
punta y defendiendo fue un flan, que permitió que Quilmes
marcara tres goles en muy pocas llegadas.
Al minuto de iniciado el partido, Garnier pudo rematar sin marca
y conquistar el primer tanto cervecero.
El Negro se armó de mitad hacia adelante y terminó
jugando en gran nivel. Contó para ello, con un iluminado
Hernández, participando en todas las jugadas de ataque.
El gol del empate lo tuvo como protagonista junto a Fuertes,
cuando el colombiano recibió un pase del Bichi, se metió
en el área y definió con categoría. El
gol le dio confianza a Hernández, y partir de ahí
la rompió.

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El segundo gol llegó
a través de un tiro libre ejecutado rápidamente
por Fuertes. Los jugadores visitantes se avalanzaron contra
Bongianino quien empezó a mostrar su total ineficiencia.
La furia incontenida de muchos de los jugadores de Quilmes,
derivó minutos después en la expulsión
del chileno Menéndez. |
| Maturana
eligió a Gavatorta para iniciar la segunda etapa
y dejó afuera al Turbo González, de buena
actuación. Pretendía mayor contención
en la mitad de la cancha, pero nunca logró ese
objetivo.
Colón manejó el partido hasta la conquista
del tercer gol, que llegó mediante una jugada
rápida que definió Hernández como
los dioses. |
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Todo era una gran fiesta en el Barrio Centenario, Colón
estaba para aniquilar a Quilmes. Le perdonó la vida,
y el rival con paciencia contruyó un empate que terminó
ahogando la euforia sabalera. 