El equipo de Maturana jugó su peor partido, volvió a ser mezquino en el planteo y sufrió una derrota tan dolorosa como inobjetable. El DT no encuentra el equipo y muchos titulares caen en profundos pozos futbolísticos.

Colón tiene un grave problema de doble personalidad. En Santa Fe es un equipo aguerrido, con actitud y orgullo, pero en cualquier otro escenario es frágil, vergonzoso, endeble. En la cancha de Racing mostró su peor cara al Arsenal de Burru, que con muy poco fútbol, pero mucho más oficio que su contincante rescató tres puntos en condición de local. Además el equipo de Sarandí convirtió un gol después de tres partidos consecutivos sin marcar de local (Estudiantes, Independiente y Quilmes).

Por su parte Colón dejó una imagen paupérrima. No llegó ni una sola vez, mostrando una impotencia preocupante en materia de ataque. La realidad marca que el Negro no planteó una estrategia de juego seria. No hay forma de ganar y ni siquiera de empatar un partido del fútbol de primera división de este país con semejante pasividad.

El partido estuvo disputado en su mayor parte en la mitad de la cancha, con un despilfarro de volantes. Giovanni Hernández estuvo muy por debajo de lo que demostró frente a Quilmes y los insistentes avances del Turbo González no alcanzaban a cubrir una tarea general del equipo por debajo de los 5 puntos.

La cosa se terminó de poner negra, cuando Bustamante, después de ser derribado por Héctor González, se reincorporó y definió ante la salida de Tombo.
Colón estaba más perdido que nunca y jamás encontraría el rumbo perdido.

Quedaba la impotencia de los once rojinegros, evidenciada en la expulsión del Bichi Fuertes cunado el partido ya se moría.
Colón desperdició la oportunidad de acercarse a sus objetivos coperos y se alejó muchísimo de lo que su pueblo exige en materia futbolística.
Es hora del que el lirismo de los vestuarios y los discursos ante los micrófonos se reflejen en el césped. Es hora de decir la verdad. Colón tiene un problema grave, pero nadie da en la tecla sobre la raíz del mismo. ¿Es Maturana? ¿Son los jugadores? ¿Es la dirigencia?... El tiempo se agota y la paciencia del hincha tiene un límite.