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Bauza sumó una nueva derrota con Colón,
nuevamente presentando un equipo mal parado, desmotivado y con falta
de ideas. Después del partido anunció su alejamiento
definitivo.
Cuando hasta hace poco tiempo Colón acumulaba ya varios partidos
sin perder, alguien le preguntó a Bauza qué opinaba
acerca de ciertas opiniones de la prensa y de los hinchas que cuestionaban
la forma en que jugaba el equipo, el técnico respondía
"que más quieren, el equipo hace 15 partidos que no pierde".
Muy bien, la realidad marcaba en ese momento que a pesar de tener
un juego poco vistoso, Colón no perdía. Empataba muchos
partidos, ganaba algunos, pero nunca se lucía y siempre dejaba
la sensación de que no existía una coherencia futbolística
en los planteos tácticos y mucho menos en las decisiones acerca
de quienes debían integrar la plantilla titular.
Por distintos motivos
Colón le esquivaba a la derrota mientras su juego
se hacía cada vez más escueto, más
inmanejable y caótico.
La realidad caería con todo su peso, a partir de
la eliminación de la Copa Sudamericana en manos de
los suplentes de Bianchi. Colón ya no ganaría
más, ni siquiera empataría más. Colón
perdió 5 partidos de sus últimos 6, ganando
sobre la hora frente a Olimpo, pero lo que es peor, cada
partido mostró un equipo cada vez menos articulado.
La última función del equipo de Bauza no dejó
ninguna duda: el modelo estaba agotado. Ya no quedaban excusas,
no había mala suerte, árbitros corruptos,
rivales superiores, cansancio ni conspiraciones que sirvan
como chivo expiatorio. Había quedado claro que el
técnico no tenía más nada por ofrecer,
ya lo había probado todo y el equipo seguía
sin aparecer.
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Banfield
liquidó a Colón en dos minutos y sentenció
un final que estaba anunciado. Era la última
página del capitulo de Bauza en Santa Fe.
El Club está en un convulsionado momento institucional
y furbolístico. Es hora de poner paños fríos
y pensar en el futuro.
Colón y sus seguidores deberán esperar un poco
más para que los sueños se empicen a cumplir.
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