
Después de 10 fechas San Lorenzo
volvió a ganar en el Nuevo Gasómetro. Sólo
Colón podía salvar el pellejo de Gorosito. Un
planteo mezquino que llevó al equipo de Maturana a
la intrascendencia ofensiva y a intentar mantener el cero
como único objetivo. El lirismo del colombiano empieza
a chocar con la cruda realidad.
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Fue el último partido de Carignano (según
sus propias declaraciones). Una despedida triste para
uno de los goleadores más importantes de Colón
de los últimos tiempos. Jugó sólo
arriba, sin compañía. Aguantando pelotas
en misiones imposibles, rodeado por los defensores del
Cuervo.
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La impotencia de César es un claro reflejo de estos planteos
que viene ejercitando el técnico colombiano, quien por
un lado declara su preferencia por el fútbol bello, pero
que a la hora de los bifes, es más conservador que el
más asérrimo bilardista.
Cuando el campeonato ya está llegando a su fin, Colón
sigue sin encontrar el rumbo futbolístico. Sumó
su cuarta derrota consecutiva de visitante y se alejó
muchísimo del lote de los que entran a las copas internacionales.
El partido frente a San Lorenzo tuvo características
similares a los perdidos frente a Talleres y River. El local
se encontró frente a un rival apático y sumamente
replegado. Colón no tuvo llegada, los intentos de Giovanni
Hernández eran inútiles y definitivamente no fue
la noche de la Negra Martínez. Tampoco Migliónico
le otorgó una salida efectiva al equipo por su sector.
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Con
pocos argumentos San Lorenzo era más que Colón.
Diferencia que se hizo más evidente en los primeros
minutos de la segunda mitad. Nuevamente un técnico
rival fue más influyente a la hora de los cambios.
Gorosito hizo ingresar a Román Díaz, quien
junto a Romagnoli comenzaron a construir jugadas que
irremediablemente terminaban con peligro en el arco
de Tombolini. |
El arquero de Colón ya era la figura del equipo cuando
a los 10 minutos Diego Capria ejecutó un tiro libre en
la boca del área. El remate razante pasó por debajo
de la barrera y venció la resistencia de Tombo. La diferencia
futbolística se plasmaba en el marcador.
Con el gol de Capria, llegó la reacción del banco
de Colón. Ingresó Blanco por Migliónico
(de tibia actuación). Sin embargo, el equipo santafesino
estaba desmembrado y la sumatoria de un delantero no le aportó
mayor profundidad.
La historia quedó sellada con una monumental jugada de
Román Díaz, que acumuló defensores en el
área y habilitó a Walter Montillo para que fusile
a Tombolini.
Para quienes esperaban ver a Colón dando espectáculo
y emociones, Maturana les tenía una amaraga sorpresa.
Sus palabras fueron quedando grandes ante los hechos. Colón
terminó siendo un "equipito" que toca la pelota
en la mitad del terreno, pero que está lejos, lejísimos
de jugar bien al fútbol. Jugadores no le faltan, hinchada
y apoyo de sus seguidores le sobran, los sueldos están
al día, pero el fútbol no aparece y las excusas
se están terminando.
