Un empate sin goles de un equipo sin alma. La hinchada reclamó mayor entrega a los jugadores quienes se fueron silbados. Colón prácticamente no atacó y dejó dudas en todos los sectores.


Maturana afirma que no se va. Tiene el respaldo de la dirigencia a pesar del evidente fracaso que está gestando. La lamentable actuación de Colón frente a Gimnasia dejó, sin embargo, mayores reclamos para los jugadores que para el poético técnico colombiano.
Esta vez la hinchada hizo escuchar su bronca hacia un equipo que no transmite la entrega y garra que Colón siempre tuvo como principales armas,

Si analizamos los 90 minutos, Gimnasia fue superior a Colón. Y no vayan a creer que fue gracias a un inspirado planteo táctico del viejo Griguol, sino más bien debido a la pasividad del local a la hora de plantear algún tipo de sistema de juego. Colón no propone nada. Se agrupa atrás, pero sin tener siquiera argumentos para salir de contra.
Está lejos de tener un conductor, se pierde en pases intrascendentes en mitad de cancha y nunca consigue poner quinta.

Ni Fuertes, ni Blanco tuvieron oportunidades en la primera parte, sólo el equipo platense acercó peligro en dos oportunidades.
Lo del sabalero fue malo desde el minuto cero hasta el final. Con toda la gente en contra y con un rival que ya había desperdiciado todas las ventajas que Colón otorgaba, ni siquiera salió a relucir el orgullo de ninguno de los jugadores. Colón no fue con desesperación a buscar el gol que apague el incendio, sino que espero con desesperante tranquilidad que los minutos corran hasta el final.
Duele ver un equipo rojinegro tan alejado del arco rival, sin pretenciones y sin alma.
Quedaron al margen de uno de los papelones más grandes de los últimos tiempos en cancha de Colón, Tombolini (evitó la derrota en varias oportunidades), Romagnoli (fue el más claro y además puso todo) y Savoia (que en pocos minutos logró más que Fuertes en todo el partido).


Así la cosa no va. Así no tiene sentido pelear por un lugar en la copa. Para eso, primero hay que estar convencidos de que se puede logar y después hay que tener ganas de lograrlo. Parece ser que las ganas de muchos pasan por irse más que por jugar y esperemos que quienes piensen así logren su objetivo y se vayan sin pena ni gloria.


A todo esto, Píccoli un símbolo de Colón, el jugador de más garra y personalidad del equipo y uno de los mejores defensores de la República, miraba el partido desde el banco, muy cerca de quien hace posibles semejantes injusticias, Pacho Maturana.