Con un rendimiento colectivo muy superior a lo de los últimos tiempos, Colón estuvo a cinco minutos de llevarse la victoria. No encontró el tercer gol y fue castigado con el empate cerca del final.

Así sí da gusto ir a la cancha. El equipo, después de un largo período de apatía futbolera, volvió a entusiasmar a la gente con toques, jugadas elaboradas y goles.

El equipo mostró un juego dinámico, por abajo y con un cuidado de la pelota inusitado. El primer tiempo del equipo del flaco Morant fue, hay que decirlo, MUY BUENO.
Colón llegó al arco de Central con muchos recursos ofensivos, desde la velocidad de Maceratesi, hasta la habilidad del Negro Benítez, pasando por un preciso Delgado y lo mejor de Migliónico.
El gol caería en cualquier momento, y llegó nomás. Migliónico se apoderó de la pelota cerca del área y sacó un remate rápido, que dejó parado al arquero.


 
Colón ganaba y hasta así era una victoria justificada.
Central sintió el golpe y comenzó a animarse a pisar terreno sabalero. Después de algunos desprolijos intentos de Belloso, que sirvieron para alimentar la furia que descargó la parcialidad rojinegra sobre este olvidable delantero, llegó una jugada bien elaborada por la delantera canalla, que termina con un cabezazo de Campora en el área chica y el gol del empate.
Importante: Colón se fue aplaudido al terminar el primer tiempo.

Para el complemento quedaría una lucha cuerpo a cuerpo y hasta el último minuto. Colón tomó la delantera de la mano de un movedizo Jair Benítez, imparable para los marcadores rosarinos.
Sin embargo las jugadas, si bien tenían profundidad, no eran de riesgo significativo para la visita.
Entonces Morant se jugó con un cambio polémico, retiró a uno de los hombres más importantes de Colón en ese momento (Benítez) para que entre González. Si el cambio fue acertado o no, es materia de largas discusiones, pero es innegable la participación del reciente ingresado en el segundo gol sabalero. González desbordó por izquierda, se adentró al área y esperó el momento preciso para entregar la pelota a Carignano, quien definió con tranquilidad.
Después del gol, el sabalero parecía tener control de la situación y hasta tuvo dos claras oportunidades de marcar el tercero, ambas desaprovechadas por Carignano.
Pero los rivales nunca abandonaron la lucha y fue nuevamente Campora, cuando sólo faltaban 5 minutos, quien marcó el empate definitivo.
No se pudo ganar, pero la gente se fue conforme. Colón volvió a ser un equipo.
Colón empezó a jugar como sus colores lo merecen.