El colombiano se quedó sin argumentos, sin invicto y sin el poco apoyo que le quedaba. Colón perdió un partido que tenía controlado y se alejó sensiblemente de la posibilidad de entrar a la Sudamericana.


Para Maturana todos los partidos son atípicos, lo dijo frente a Quilmes y lo volvió a decir en la conferencia posterior a la derrota frente a Vélez. No cuenta con más excusas, después de dirigir 17 partidos en el fútbol argentino sigue tan perdido como al principio.
Colón no encontró nunca su juego y el responsable máximo es este técnico que llegó con bombos y platillos anunciando su juego bonito.

El único bastión del colombiano era el invicto en el Centenario. Lo perdió fente a un rival directo por la lucha hacia las copas. Después de un primer tiempo con pocas llegadas más allá de un gol anulado sobre la hora, el equipo entró en el segundo período con otra actitud. Comenzó a tener dominio del balón y a los 10 minutos lograba la apertura del marcador a través de un cabezazo del Sungui Blanco.
Vélez comenzó a desesperarse y los locales se aprovechaban del momento para seguir haciendo circular la pelota. Para completar el buen momento del sabalero a los once minutos se iba Maximiliano Bustos expulsado. Sin embargo Colón no lograba transmitir ese dominio en nuevas situaciones de gol. No tenía llegada por los laterales y el reclamo para el ingreso del Turbo González se empezó a escuchar en las tribunas.
El cambio fue realizado a los 32 minutos, uno antes que Zárate rematese al arco para dejar sin posibilidades a Tombolini.


Con el partido igualado, los nervios ahora dominaban a los jugadores de Colón y con los nervios llegaron las desinteligencias. Luego de un error defensivo, Rolando Zárate metió un pase para el ingreso de Mauro Zárate y el gol de la victoria.

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La gran diferencia, al igual que frente a Quilmes estuvo en el planteo que se hizo desde el banco. Ischia metió a Mauro Zárate a los 18 minutos y éste terminó convirtiendo el gol, Maturana se inclinó por Gigena a los 33 minutos para sacarlo a Romagnoli. Ese cambio deja en evidencia la falta de conocimiento que tiene el técnico de su equipo. Para quienes hemos visto a Gigena tantos partidos, sabemos que no había forma de que el Topo aporte algo para dar vuelta la historia.
Maturana que estuvo ausente toda la semana para poder presenciar la graduación de su hija en Colombia, llegó el mismo dia del partido para volver a ser un espectador más. La diferencia es que los demás espectadores pagan la entrada y a el le pagan por un trabajo que a todas luces fue altamente improductivo, alarmantemente estéril, tan alejado de su discurso que ya nadie se anima a reivindicarlo.
Es la hora de la despedida. Hay que saber cuando retirarse.