Nuevamente Colón fue un equipo débil. Regaló el primer tiempo y no tuvo fuerzas para revertir la situación en la segunda parte.

Nueva Chicago tenía que ganar y ganó. Colón tenía que empatar al menos y perdió. La diferencia entre un equipo y el otro no estuvo en el juego, sino en la actitud.
Colón volvió a entrar al campo de juego con pocas ambiciones, muy desordenado y dejando que sea el rival el que proponga el ritmo del partido
.

Chicago se hizo fuerte de local y empezó a ejercer el protagonismo que Colón le regalaba. A los 11 minutos los locales llegaban al gol y el festejo de César González no sorprendía a nadie. Estaba cantado que Chicago abriría el marcador.

El golpe no hizo mella en el ánimo de los sabaleros que siguieron desconcertados en la mitad de la cancha y muy desordenados en el fondo. El ingreso desde el minuto inicial del chileno González no aportó nada al mejoramiento del esquema defensivo.
Para encarar la segunda etapa, Maturana metió a Migliónico y a Carigano, pero el cambio no alcanzó para lavar la cara de este equipo apático, muy parecido al que perdió por goleada con Talleres.

Solamente un remate de Cari en el travesaño pudo haber cambiado un derrota anunciada desde el minuto 11 del primer tiempo.

Se vienen partidos clave para el técnico colombiano. Sus declaraciones durante la semana impactaron en todo los ámbitos relacionados a Colón, si los jugadores no tienen sentido de pertenencia, habrá que trabajar para que sí lo tengan. Pero en el partido jugado en Mataderos faltó algo más que sentido de pertenencia, faltó principalmente fútbol y es ahí donde Maturana tiene responsabilidad directa.