Tras una semana complicada, Colón rompió la muralla de Estudiantes con un gol agónico del Bichi Fuertes. Colón sigue a 6 puntos de Talleres, el equipo se reconcilió con la gente y ahora puede trabajar con mayor tranquilidad.

Hay dos historias para contar. La primera es la del choque de estilos. En el estadio del Barrio Centenario se enfrentaban dos visiones del fútbol y quizás de la vida. En un rincón Carlos Salvador Bilardo y en el otro Francisco Maturana. Dos filosofías de juego enfrentadas en un partido, que el equipo del colombiano ganó como lo suelen hacer los conjuntos del doctor. La otra historia es el partido en sí mismo. Un encuentro muy duro donde se puso más de lo que se jugó y en el que se destacó la pelea por el balón en el mediocampo. Y allí, la tarea de Cristian Ledesma fue fundamental.
Colón salió con una actitud totalmente diferente a la que lució frente a Chicago. Como suele hacer cuando juega de local, el sabalero se apoderó del balón pero sin llegar a generar acciones de riesgo. El equipo platense cortaba el juego cometiendo infracciones y eso impedía que el rojo y negro pudiera rotar la pelota.

Las proyecciones de Giovanni Hernández no lograron que los delanteros tuvieran alguna chance de gol clara. Evidentemente, el colombiano no es, al menos por ahora, el conductor que el equipo necesita. Lo más interesante del juego de Colón sigue siendo la triangulación que realizan Martínez, Ledesma, y Moreno y Fabianesi. El fútbol sabalero pasa por allí. La mayoría de las situaciones que crea el conjunto del barrio centenario son por la derecha.

De todas maneras, las acciones fueron repetitivas y anunciadas y Estudiantes, con mucho oficio, las pudo neutralizar sin inconvenientes. Así se murió el primera tiempo, con la lucha entre dos equipos que metían y que lograron aburrir a la vasta concurrencia que fue al Brigadier.

La segunda etapa mostró una variante que Maturana aún no había utilizado Fuertes ingresó por Blanco y González por Bedoya. El Turbo le imprimió otra dinámica a la banda izquierda, pero no logró modificar la chatura futbolística. El partido seguía estancado en una lucha sin cuartel por el esférico, pero bien lejos, de los arcos. Sin embargo,Colón tuvo dos chances claras una en los pies de Fuertes y otra en los de Carignano. Pasaban los minutos y Colón no lograba llegar con claridad al área pincharrata. Uno de los motivos fue la gran actuación de Néstor Fabbri.

Parecía que el partido se moría en el empate. Encima, a los 30 minutos del completo el rojo y negro perdió a González que fue expulsado por cometerle un foul a Fabri. La tribuna comenzó a impacientarse. Maturana metió el tercer cambio. Romagnoli por Hernández. El DT sabalero puso un todo terreno para ver si de esa manera lograba, a las piñas, ganar la guerra, perdón el partido. Y Martín no defraudó al colombiano. Enseguida el volante se asoció con Ledesma y llevó el equipo más adelante. Así Colón logró arrinconar a un Estudiantes que nunca salió de su mezquindad. Allí los de Maturana comenzaron a ganar el encuentro, porque ese tiro de esquina dio paso al otro que terminó sellando la historia. Al partido lo ganaron los cambios. Porque el recién ingresado Romagnoli sacó un centro preciso que Fuertes cabeceó al gol anticipándose a Fabri, a Colotto, y a Bilardo. Y el estadio enloqueció. Colón es un equipo cuando sale de casa y otro cuando juega de local. Así es la cosa sabalero amigo, lo importante es que en Santa Fe estamos invictos y los de Maturana demostraron que tienen "fuego rojo y negro" en el corazón.