Tres partidos, tres victorias. once goles. Los números y el juego marcan la diferencia desde la llegada del Tata Martino, Colón es otro equipo y arrasa con lo que le pongan delante.

Todo cambió desde la llegada del Tata, las tres derrotas consecutivas del inicio del torneo se transformaron en tres victorias al hilo y en un festival de goles.

Ya resulta difícil atribuirle una reacción de este tipo a la casualidad. El equipo de Colón es otro, su actitud ha cambiado y en todas sus líneas se respira una confianza que se traduce en desempeños cada véz más sólidos.

En este difícil partido ante Lanús, Colón controló las alternativas durante el primer tiempo, pero no encontraba la forma de llegar con claridad al arco de Bossio.
Pero el segundo tiempo sería diferente. A los 3 minutos de iniciado, el peruano Vargas desbordó por izquierda y envió un buscapié que rebotó en Walter Ribonetto para meterse con violencia en el arco granate.

Ahora los espacios favorecían la movilidad del mediocampo sabalero y el Negro empezó a lastimar cada vez más arriba.
Si hay algo para destacar de este nuevo Colón es la cantidad de hombres con los que se lanza al ataque, basta ver la diversidad de jugadores que han marcado goles en lo que ba del torneo. Moreno, uno de los que más insiste en materia ofensiva marcó el segundo, con remate cruzado tras rebote en Bossio.
Villarreal, quien había ingresado en el lugar de Giovanny (se retiró lesionado) habilitó con suma precisión al Bichi que ingresó por el medio del área y definió por debajo del cuerpo del arquero.

Colón era una gran fiesta, Lanús buscaba el descuento de manera desordenada y sólo si pudo causar algún susto aislado.
Para el final llegaría la sorpresiva frutilla del postre, con un gol del Chipi Gandín que desató una nueva jornada de festejos en el Barrio Centenario.

El Tata buscará afianzar todo lo bueno logrado hasta el momento cuando el próximo domingo Colón tenga que enfrentar a San Lorenzo, en ese duro paraje del Nuevo Gasómetro.